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Todo cuanto la gran ciudad desechó, todo cuanto perdió, todo cuanto desdeñó, todo cuanto pisoteó, él lo cataloga y colecciona [...] aparta las cosas, lleva a cabo una selección acertada, se porta como un tacaño con su tesoro y se detiene en los escombros que entre las mandíbulas de la diosa Industria adoptarán la forma de cosas útiles y agradables.
— Charles Baudelaire
El fragmento anterior pertenece a un poema titulado “El vino de los traperos”, escrito por el gran poeta y ensayista francés, quien pareciera haber seguido muy de cerca no solamente la vida sino la obra misma del artista al que hemos invitado para esta tercera entrega de nuestra publicación, ya que describe a la perfección la manera en la que Paulo Acosta le devuelve la mirada a todas esas materias que suelen ser ignoradas o desechadas por la mayoría: «todo cuanto la gran ciudad desechó».
Para Paulo, el proceso creativo no empieza en el taller como podría pensarse; su sensibilidad creativa empieza desde el momento mismo de la contemplación de todo cuanto lo rodea, siendo capaz de ver la profundidad en cada cosa cotidiana y entender que su hogar trasciende los límites físicos de su casa y que esta, a su vez, se expande hacia todos los lugares que recorre diariamente.
Ser testigo de su propia ciudad es la base de todo lo que engloba su obra: observar y retratar cómo la naturaleza se encuentra en una constante tensión con lo urbano, siendo capaz de resistir a la tiranía artificial de la capital. Esta naturaleza, no conforme con sobrevivir, nos da una lección y nos demuestra maneras diversas y alternativas de habitar en medio de dichas tensiones; algo a lo que Paulo ha denominado re-existencias, ya que habitar no se limita simplemente a la acción de ocupar un espacio físico, sino que implica establecerse, crear sentido de pertenencia y desarrollar la propia vida en él.
«La idea del sincretismo condensaba muy bien esta multiplicidad de imaginarios simbólicos, de referentes estéticos, de nociones históricas, de herencias culturales tan diversas de las cuales hacemos parte nosotros».
El diálogo inconsciente de patrones es el resultado de dinámicas antropológicas que responden a una multiplicidad de imaginarios, fenómeno que le da nombre a «Pluriversos», una de las líneas escultóricas de su producción. En ella, el artista atestigua el transcurrir del tiempo, el cual va esculpiendo grietas a su alrededor y dejando colecciones de mosaicos rotos; construyendo así una «poética del caos», como él mismo define al referirse a su trabajo.
Paulo Acosta es un artista y fotógrafo nacido en 1976, cuya obra ha sido expuesta en distintos espacios artísticos de nuestra ciudad y ha formado parte de publicaciones dentro y fuera del país. Actualmente, el entendimiento de su contexto inmediato guía su producción hacia una constante diversificación técnica; una exploración y una curiosidad incesantes que dan cuenta de un proceso vivo y que prometen llevarnos a nuevas maneras de ver y comprender eso que, hasta hoy, para muchos pasaba desapercibido.
Invitamos a nuestros lectores a explorar y conocer la obra de Paulo Acosta, la cual se presentará en la VIII Bienal de Artes Plásticas y Visuales FUGA del 5 de junio al 11 de julio.
Breves reseñas del arte que circula en Bogotá
Palabras de Alonso III Munévar
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Figura 1. Paulo Acosta, Baldosas Sagradas (2023)
Figura 2. Paulo Acosta, La Piedra Pluriversal (2024)
Figura 3. Paulo Acosta, Anatomía de una casa (2023)