Sobre la crisis de lo colectivo

«Siempre va a haber, en gran medida, la posibilidad de volver a lo humano»
— Federico Díaz-Granados
La cultura y la palabra son inherentes al ser humano, pero ¿qué perdemos cuando los espacios que las albergan desaparecen? Las librerías nos recuerdan el poder que tiene la literatura y cómo esta trasciende más allá de las páginas. Cuando las librerías empezaron a cerrar a finales de 2025 en Bogotá, surgió para Lobotomía un interrogante sobre cómo estos cierres afectan el ecosistema cultural, una cuestión que trasciende la simple lógica de la oferta y la demanda.
Así nació el título Sobre la crisis de lo colectivo. Pensar en la palabra nos lleva a pensar en la literatura, pilar fundamental para la existencia de innumerables proyectos editoriales. Lo colectivo se construye a partir de las relaciones que surgen en dicho ecosistema. Las librerías forman parte de esta cadena y coexisten con editoriales, autores, lectores distribuidores, revistas independientes, como la nuestra (de ustedes y nosotros), entre muchos otros actores que representan eslabones esenciales para que esta red interconectada funcione tanto cultural como económicamente.
Octavio Paz escribió en El arco y la lira: "Pues el hombre es inseparable de las palabras. Sin ellas, es inasible". Esta idea resuena con fuerza cuando empiezan a cerrar espacios independientes de gran trayectoria en Bogotá, una tendencia que comenzó a finales de 2025 con Mr. Fox y que ha continuado este año con Prólogo Libros, Garabato Libros y Librería Hojas de Parra, esta última en proceso de cierre. Lo anterior, nos llevó a una pregunta ineludible: ¿cuál es la causa de la coyuntura actual? Para explorarla, conversamos con José Lleras, antiguo dueño y librero de Prólogo Libros; Santiago Sepúlveda y Carmen Montenegro, dueños del Café-Librería Nicanor-Hojas de Parra; y Federico Díaz-Granados, poeta, periodista y gestor cultural.

Durante la conversación abordamos la fragmentación de la cadena del libro, el impacto que han tenido plataformas digitales como Buscalibre —que reducen intermediarios y ofrecen precios más accesibles— , la transformación del lector bogotano e incluso el uso de la inteligencia artificial para escoger un nuevo libro, desplazando el oficio entrañable del librero.
Podemos coexistir con la tecnología y las plataformas digitales sin dejar de respaldar proyectos independientes y culturales que se gestan todos los días y abren la puerta a nuevas oportunidades que no se encuentran dentro de las pantallas. Santiago Sepúlveda comparte esta visión al afirmar: “Nos centramos en crear un proyecto cultural que logró construir una comunidad cultural alrededor de la literatura”. Aunque este espacio esté próximo a cerrar, los lectores que la frecuentaban hicieron parte de su historia y contribuyeron a sostener el proyecto durante ese tiempo.
El cierre de estos lugares deja un sinsabor, pero nos recuerda cómo la literatura viene a decirnos que la palabra nunca muere, sino que se transforma. El espacio físico desaparece —como es evidente—, pero ante la coyuntura, nos acogemos a la reflexión de Federico Díaz-Granados:
«La respuesta es la literatura y la literatura siempre va a tener un refugio».
La conversación con nuestros invitados nos lleva a reflexionar sobre qué papel podemos desempeñar para transformar la crisis de lo colectivo en nuevas posibilidades y reconocer a las librerías como puntos de encuentro para nuevas comunidades. Es posible integrar la inteligencia artificial a nuestra cotidianidad como una herramienta práctica, sin olvidar el valor de las relaciones humanas y lo irremplazable de las mismas, como conversar con un librero que nos recomiende un una lectura o asistir a una charla con un autor emergente o simplemente disfrutar de un café estando rodeado de libros. Carmen Montenegro, fundadora del Café Nicanor, se cuestiona: “¿Cómo hacer para que se construya esa comunidad que se va resquebrajando en las nuevas generaciones porque no es fácil ahora construir esos colectivos?”. Su reflexión nos invita a pensar en cómo cambian las interacciones humanas y en lo que implica crear una comunidad en la actualidad.
Es cada vez más complejo encontrar nuevas formas de motivar a las nuevas generaciones a leer y explorar este universo. Por eso, es importante que las librerías sigan innovando y atrayendo a un público que experimenta el mundo y su realidad de una forma distinta. Los clubes de lectura, los conversatorios, los concursos y los talleres son actividades que siguen teniendo un impacto positivo en la promoción de la lectura y la creación de nuevas conexiones.

En Bogotá tenemos la fortuna de contar con una amplia oferta librera, sin embargo y aunque resulte paradójico, a mayor número de librerías menor viabilidad económica para estos espacios. De acuerdo a José Lleras: “La oferta creció mucho más rápido que la demanda”, refiriéndose a la cantidad de librerías que pueden abrir en un mismo barrio en poco tiempo y a cómo esta situación puede afectar su sostenibilidad a largo plazo. No se puede olvidar que una librería también es un negocio que necesita comprender las dinámicas del mercado local y global. Además, como mencionamos en el párrafo anterior, entender cómo cambian los contextos implica reconocer que la cultura evoluciona y que es necesario adaptarse a esas transformaciones.
Es por esto que si nunca ha visitado una librería, ha pospuesto volver a una o no ha leído últimamente, este es el momento de hacerlo. Porque, dejando de lado lo romántico, estos espacios crecen cuando los habitamos y las comunidades se construyen y trascienden cuando nos apoyamos entre todos y volvemos a pensarnos el arte y la cultura desde lo colectivo.
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