SOBRE EL ESPACIO COMO UN HOGAR PARA EL TIEMPO
"The function of man is to live, not to exist. I shall not waste my days trying to prolong them.
I shall use my time."
― Jack London.
En primer lugar, antes de que usted querido lector o lectora, se disponga a leer –valga la redundancia– lo que hemos venido a cuestionarle, revise si cuenta con el tiempo suficiente. Pregúntese también si lee este pequeño fragmento simplemente para matar el tiempo, si por el contrario intenta ganar algo del mismo o si esto desde ya está siendo una pérdida de tiempo. Sepa también que somos conscientes de la repetición de dicho concepto que marca la secuencia de los sucesos. Y si nuestros ‘juegos’ de palabras le molestan o le resultan obvios, léalos de nuevo y se dará cuenta de que tienen más sentido de lo que parece. O bueno, el tiempo lo dirá. A la hora de la verdad nunca se sabe, ya que es probable que sentido no tengan pero sí que tienen un trasfondo que tal vez usted ha estado ignorando.
¿Se ha preguntado alguna vez qué es el tiempo? De seguro muchos de nosotros habremos sufrido por la falta del mismo pero ¿es cierto eso de que en realidad se puede perder o ganar? Si nos ubicamos en una línea temporal, ‘el tiempo’ no es más que una noción que se compone primariamente por tres elementos igual de problemáticos: pasado, presente y futuro. ¿Qué es el pasado? Memoria, se podría decir. ¿Presente? Presencia, que viene de la raíz latina prae (“delante”) + esse (“ser/estar”). En otras palabras, Praesentia es la cualidad de ocupar el espacio con el cuerpo, la voz o el espíritu y por último, podríamos pensar el futuro como deseo. Por otro lado, ¿se ha preguntado qué es el espacio? ¿Un lugar imaginario tal vez? ¿Es algo que se hace o se deshace? O como lo insinúan Marc Augé en su teoría de Los no lugares o Eduardo Galeano en algunos de sus relatos y hasta el mismo Walter Benjamin, un lugar bien podría ser un espacio cargado de humanidad en el que es posible tejer la memoria y en últimas la identidad de un individuo.
También podríamos decir del espacio que es un lugar en el que el tiempo habita, como se ha entendido previamente. De ahí que en todas partes –incluida esta revista–, estos dos conceptos anden siempre juntos en una relación intrínseca que en ocasiones se confunde con simbiótica. Permítaseme ser un tanto más romántico en esta cuestión, y déjeme ponerlo después de un punto seguido. El espacio es pues un hogar para el tiempo, de ahí que sean inseparables. Sin embargo, esta editorial no pretende en absoluto contestar a tales preguntas definitivas, ya que cada uno las responde de acuerdo con su experiencia. Para algunos, –tal vez para la mayoría de nosotros– nuestro viaje, nuestros procesos creativos, no son más que discontinuos en el tiempo y el espacio como admite Marco Polo en Las ciudades invisibles de Calvino. Al fin y al cabo la vida misma lo es. Así pues, nuestra intención con este segundo número que hemos desarrollado para ustedes, nuestros lectores, no ha sido más que para suscitarles una única pero terminante cuestión.
¿Usted en qué está empleando su memoria, en qué lugar habita su presencia, y hacía dónde se dirige su deseo?
No tiene que contestar ahora, tómese su tiempo.
Alonso III Munévar