Sobre el espacio como un lugar de inspiración y creación
- Alonso III Munévar

- 27 sept
- 5 Min. de lectura
Un comentario sobre los Studios de los artistas de ayer, de hoy y por supuesto, los de mañana; pero primero una encuesta.
El Studio es para el artista:
a. Su lugar de trabajo
b. Su patio de juegos
c. Su santuario
d. Todas las anteriores
e. Otro

Para muchos de nosotros, la primera interacción que imaginamos cuando pensamos en nuestro ser social es con el Otro, una persona. Para otros, la relación más importante con el mundo es la que se tiene con la naturaleza y/o los animales, esa relación exógena que nos lleva a pensarnos como parte de un todo. En mi caso, son los espacios los que se han convertido a lo largo del tiempo en parte vital de esa relación, de ahí que sea tan leal a los mismos una vez los descubro y la razón por la cual me es difícil abandonarlos ya habiendo establecido una conexión con ellos.

Antes de adentrarnos en toda una conversación sobre lo que significa el espacio para nosotros como artistas, pensemos en lo que significa para nosotros como personas de a pie, quitándonos cualquier etiqueta que nos vincule con nuestro quehacer creativo. En otras palabras, pensemos en nuestra casa. Ese lugar, ese ‘techo’ en el que solemos dejarnos ser y llevamos a cabo una de las necesidades fundamentales del ser humano, dormir. Empiezo estableciendo este vínculo de la casa con el dormir porque uno no pasa la noche en cualquier parte, dejando de lado las pijamadas y las fiestas que nos arrastran hasta la madrugada en moradas ajenas, uno no suele pasar la noche en un lugar que no sea la propia casa. En ese orden, podríamos decir que son esas cuatro paredes las que constituyen de alguna manera una base, un refugio en el que usted y solo usted tiene la potestad de hacer o no lo que le plazca. Esa es la libertad que a uno le confiere tener la posibilidad de contar con su propio espacio.

Piense ahora en lo primero que siente al entrar a su casa. Le voy a dar 30 segundos para que piense y busque una palabra, la que más se acerque a eso que su espacio le suscita. Una vez pasados los 30 segundos, qué palabras y/o sensaciones descubrió. ¿Acaso siente paz? ¿Quietud? ¿Caos? ¿Calor? ¿Frío? ¿Ganas de quedarse o de irse? Es más, piense también en qué color le suscita su hogar. Piense en sus muebles, en la distribución de los mismos, en qué tan organizado está ese lugar y sobre todo, qué tan cerquita lo siente. Lo anterior, no es más que un experimento, un tanteo para que todos nos detengamos a pensar en lo mucho que un entorno, en este caso un espacio cerrado como el de la casa, puede llegar a influir no solamente en su estado de ánimo sino en lo que usted hace o deja de hacer con esa disposición que nace de la interacción con el mismo. Ahora sí, hablemos del Studio y/o taller del artista como un lugar para la sensibilidad.

Cuando se piensa en el Studio o en el taller del artista diversas imágenes llegan a nuestra mente. Algunas de estas, provienen de la divinización del quehacer artístico, en las que se piensa al artista como el vocero de una pulsión celestial que le ha sido conferida más allá de lo físico por alguna deidad que de tanto en tanto toma la forma de musa y le revela su obra.
El Studio como patio de juegos: Espacios idealizados como ‘La Fábrica’ o ‘The Factory’ de Andy Warhol llegan a la mente: amplio, de techos altos y situado con el transcurrir de los años en diversas zonas exclusivas de Nueva York, la ciudad más exclusiva del mundo, que se establecería como una suerte de templo del arte pop y de toda la contracultura de ese momento. Para Warhol era primordial exponerse a un número ilimitado de sensaciones que a su vez lo pusieran de cara a las más extravagantes personalidades de la época, entre los que se encontraban otros artistas, galeristas, coleccionistas y aristócratas pero también personas ‘del común’ que le resultaran fascinantes.
El Studio como estado mental y/o fuente de inspiración: En otros casos, la cosa no resulta tan glamurosa si pensamos en el ‘chiquero’ que Bacon tomaba por Studio, una habitación pequeña de no más de 12 metros cuadrados con una claraboya en la parte superior en su apartamento del 7 Reece Mews de Londres. Para Bacon era fundamental su relación con el desorden y el caos, lo que resultaba paradójico. A pesar de que sus pinturas ya eran bastante conocidas y ganaba miles de libras por su arte, no estaba dispuesto a mudarse a un ‘mejor lugar’, ya que para él este era el verdadero insumo de sus obras: los restos de óleo, el polvo y la basura hacían parte de su proceso creativo.
El Studio como santuario: Para otros, como el artista David Manzur en Colombia, Barbara Hepworth en Reino Unido o Cézanne en Francia, el Studio se concibe como un santuario en el que lo primordial es estar alejados de toda distracción y ruido. Un espacio que les permita convivir no necesariamente en soledad sino rodeado de la calma y la inmensidad que brinda la naturaleza. Es justamente en ese ‘estado de aburrimiento’ en el que pareciera que no pasa nada, donde sus talleres se transforman en ambientes propicios en el que son capaces de gestar su obra. No es aburrimiento, es quietud y silencio. En el caso del artista colombiano que hace ya más de 20 años se trasladó a Barichara, es el entorno lo que posibilita que pueda realizar su obra ya que el espacio fue adaptado desde el inicio a sus requerimientos. Como señaló El Espectador en un artículo publicado recientemente: «El taller de David Manzur en Barichara, resume una búsqueda anímica y física que involucra el espacio-tiempo de su trayectoria».

Hasta este punto, se ha hablado del Studio desde una perspectiva poética y/o casi metafísica como olvidándonos de lo mundano: el dinero. Lo mucho que cuesta tener y mantener un espacio exclusivo para el desarrollo de nuestra obra. Esa es justamente la razón por la que he decidido dejar este apartado para el final, ya que es esa sino la mayor excusa que convertimos en obstáculo para nuestro desarrollo como artistas creadores. Lo anterior, tiene que ver con algo que ya se mencionó al inicio, la idealización del artista. «Si no tengo una bodega como la de Warhol jamás podré ser el pintor que quiero ser», «si no cuento con los recursos de Ai Weiwei que puede pagar por construir complejos enteros en Europa y en Asia solo para usarlos como bodega entonces no podré pintar, construir, crear, et cetera». Sin embargo, nos olvidamos de que otros artistas, considerados grandes artistas por la mayoría: Van Gogh, Picasso, Kahlo, Hopper, Basquiat; empezaron creando su obra en habitaciones improvisadas, sótanos, cocinas, apartamentos compartidos antes de poder expandirse y tener un área exclusiva para su obra. ¿Cómo es esto posible? Entendieron lo que era primordial para ellos.
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Para mí es importante decir que este taller también es mi casa y que igual me gusta poner antes la palabra ‘taller’ antes que ‘casa’ para que se entienda que sobre todo es un espacio vital para hacer cosas.
Daniel Salamanca —artista visual bogotano—
Es fundamental comprender que el espacio no siempre es físico y que el Studio es lo que usted quiere que sea. No existe una única definición para el mismo. ¿A qué me refiero? Si usted es artista gráfico (a), músico (a), escritor (a), fotógrafo (a), pintor (a), ¿ya sé preguntó qué es lo que necesita? En ocasiones no es cuestión de encontrar una casa que cumpla con todos sus requerimientos o de una bodega gigante sino de hacer espacio en su agenda para ponerse manos a la obra en un ambiente propicio que condicione su quehacer creativo. Un lugar de inspiración y creación.
Palabras de Alonso III
Bogotá, 27 de septiembre de 2025.


Una vez se ha empezado a hacer uso de los espacios cotidianos como Studio, se entiende a fondo qué es lo que uno requiere de un Studio, tal vez esa idea inicial de tener un espacio dedicado puramente a la creación no es en realidad lo que sería nuestro Studio ideal.
Tal vez lo que falta es salir un poco de la idea del cuarto y empezar a usar todo el mundo.